Historia del nacionalismo vasco: ‘El bucle melancólico’
Me disculparán por permitirme esta entra poco relacionada, aparentemente, con nuestras cuestiones económicas. Con la reciente declaración por parte de ETA del cese definitivo de su actividad, me viene al recuerdo uno de los libros más ilustrativos sobre el conflicto vasco y los orígenes de la banda terrorista que ha destrozado la vida de 857 familias a lo largo de su historia, que han pasado por mis manos.
Se trata de ‘El bucle melancólico’, de Jon Jurasti, de 1997. Jurasti analiza la leyenda, los rumores y los mitos del nacionalismo vasco desde la perspectiva más rigurosa. De esta forma, recorre la historia de Euskadi desde los inicios de Sabino Arana Goiri hasta el secuestro y asesinato del concejal del Partido Popular en Ermua, Miguel Ángel Blanco el 13 de julio de 1997.
De esta forma, el autor recorre las biografías de las figuras más importantes en la genealogía del nacionalismo euskera. Con ello detalla la forma en que este movimiento ha logrado consolidar su hegemonía a costa de la marginación cultural y el sometimiento político de la mayoría de la población vasca, no nacionalista.
Los orígenes abertzales parten del discurso xenófobo de Arana Goiri, para quien cada raza y cada pueblo tiene derecho a poseer su propio Estado independiente. Incluso tiene el “deber moral” de conseguir su Estado, porque, de no hacerlo así, degenerará inevitablemente en contacto con el pueblo invasor: su ímpetu vital y su cultura se debilitarán, hasta ser faltamente exterminada o absorbida o relegada a la condición de raza ilota por sus opresores. Incluso se remonta más allá, hasta el francés Joseph-Augustin Chaho, quien cambió el sentido del carlismo, movimiento a favor de una de las líneas dinásticas de la Corona de España y lo convirtió en un movimiento separatista.
Otro de los hilos conductores fundamentales del libro es la comparativa entre el nacionalismo vasco y el nacionalismo irlandés, tangentes en su fuerte componente católico, pero diferentes intrínsecamente ado que el nacionalismo vasco parte de una nación inexistente, mientras que el irlandés partía de una nación previa que había sido dominada por Inglaterra. Destacable, también en la obra de Jurasti, el apartado en el que se analizan los posibles orígenes del pueblo vasco según los teóricos abertzales, que llegan a situar el nacimiento de Euskadi en la misma Atlántida.